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“Transformamos la atención médica a través de la diversidad, la inclusión y
el compromiso público.”

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La Navidad nos recuerda...

El tiempo de descanso navideño, con todas sus celebraciones, música, luces, comercio, arbolitos, regalos, encuentros, cenas, tarjetas, viajes, etc., tienen un motivo: la conmemoración del nacimiento de Jesús de Nazaret, al que los cristianos confesamos como el Hijo de Dios, nuestro Señor y Salvador, “Camino, Verdad y Vida”. Pero el valor de esta celebración cristiana y su significado religioso ha trascendido, hasta convertirse en una fiesta global, porque la vida y obra de Jesús de Nazaret siguen siendo relevantes y desafiantes para todo hombre, para toda la humanidad, independientemente de la cultura, del lugar geográfico y de las creencias de cada ser humano.

Algunos de los muchos mensajes que – insistentemente - la Navidad contiene y nos recuerda a todos son: el amor fraterno y compasivo. Porque la enseñanza y llamada fundamental de Jesús de Nazaret consistió en mostrarnos el rostro de Dios como Padre bueno de todos, para que, viviendo como sus hijos, podamos amarnos todos como hermanos, para construir relaciones, sociedad y un mundo en fraternidad. Para que seamos capaces de solidaridad y de perdón. Para que la convivencia humana sea posible y para que este amor fraterno, manifestado en obras, alcance, se manifieste y despliegue, especialmente, entre los más vulnerables y necesitados del mundo.

Porque sin el amor fraterno, sin la filiación con Dios y la fraternidad humana el hombre – soberbiamente - se constituye en señor de otros y la convivencia humana queda convertida en una jungla de competencia y lucha, de divisiones y odios, de fronteras y diferencias que imposibilitan la vida.

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¿TENEMOS MOTIVOS PARA DAR GRACIAS?

EL DÍA DE ACCION DE GRACIAS es la celebración más importante del año en los Estados Unidos. Entre reuniones, cenas familiares, regalos, viajes y reencuentros, el último jueves de noviembre, el país se detiene para festejar.

Es una fecha cuyo origen histórico se remonta a 1621. Un origen y significado controversial para algunos grupos, especialmente para las comunidades nativas americanas, y en la que conmemoramos una celebración de la cosecha entre los colonos de Plymouth y los indígenas Wampanoag. Si bien, en su origen no es fiesta de carácter religioso, el DÍA DE ACCION DE GRACIAS celebra una experiencia humana fundamental: la gratitud, la capacidad de agradecer, de ser agradecidos, de vivir agradeciendo.

Y esta facultad humana nace en el ser humano que tiene la capacidad de percibir la gratuidad y la presencia amorosa, en todo cuanto somos y tenemos, como donación de parte del Trascendente y de los otros.

EL DÍA DE ACCION DE GRACIAS es un día de reunión familiar, una ocasión que fomenta el reencuentro y la unión familiar con la mesa como centro y símbolo de dicha unión. No obstante, en los últimos años, ha surgido la tradición de "Friendsgiving", en la que amigos se reúnen para celebrar, adaptando la festividad a un contexto más abierto, informal y moderno.

Porque, aunque se trata de una celebración – principalmente – familiar, el espíritu de Acción de Gracias se extiende a la comunidad, con muchas manifestaciones de atención a los más desfavorecidos de la sociedad. Por lo que muchas organizaciones benéficas ofrecen cenas a personas sin hogar o en necesidad y se realizan eventos de donación de alimentos, reflejando el valor de la gratitud en la solidaridad y el compartir generoso, ayudando al prójimo más débil y vulnerable socialmente. Además, en los Estados Unidos, el Día de Acción de Gracias marca el inicio no oficial de la temporada de fiestas navideñas.

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PARA USTEDES SOY OBISPO; CON USTEDES SOY CRISTIANO.

La alegría que suscita el nombramiento de dos nuevos obispos —Manuel Antonio Ruíz de la Rosa, elegido primer obispo de la recién creada diócesis de Stella Maris en República Dominicana, y Carlos Tomás Morel Diplán, designado arzobispo coadjutor de Santo Domingo— trasciende la noticia eclesial. Es también una oportunidad para reflexionar sobre la esencia del episcopado y sobre lo que el Papa Francisco ha llamado “la belleza de una Iglesia con pastores que huelen a oveja”. En medio de un mundo cansado de discursos y sediento de autenticidad, la figura del obispo vuelve a interpelar desde su raíz más profunda, ya no como poder, sino como servicio; no como distinción, sino como entrega.

La nueva diócesis de Stella Maris nace como signo de esperanza y cercanía. Su nombre —“estrella del mar”— evoca a María, guía luminosa en medio de la noche, consuelo en las tempestades. Es significativo que esta diócesis surja para acercar la Iglesia a las comunidades dispersas del litoral, a quienes viven lejos de los grandes centros urbanos, y que su primer pastor sea un hombre de pueblo, formado en la escucha, la educación y el acompañamiento. Manuel Ruiz, conocido por su trabajo pastoral y por su sensibilidad ante los problemas sociales, políticos.

Económicos éticos y ambientales, encarna un estilo de liderazgo que no se construye desde la autoridad jerárquica, sino desde la presencia constante entre su gente. Esta actitud va de la mano de aquella máxima de San Agustín de Hipona, que resume correctamente su programa: “Para ustedes soy obispo, con ustedes soy cristiano.”

Esta frase encierra una filosofía del ministerio episcopal. El obispo no es un gerente de lo sagrado ni un custodio de estructuras, es un hermano mayor, un servidor que vela por la unidad, no desde arriba, sino desde dentro. Su vocación es la de quien “vigila” no para controlar, sino para proteger. No está ahí para mandar, sino para cuidar. En un tiempo en que tantas instituciones pierden credibilidad por haberse distanciado de las personas, la Iglesia ofrece un modelo distinto de autoridad: una autoridad que se arrodilla, que acompaña, que se hace servicio. Y es precisamente eso a lo que el Papa León XIV nos convoca, siguiendo las ideas del Papa Francisco. Pues, una Iglesia que se encierra en sí misma envejece; una Iglesia que se abre al Espíritu renace.

El nombramiento de Carlos Morel como coadjutor de Santo Domingo confirma esa misma lógica de servicio. Asumir la tarea de acompañar a un arzobispo en la etapa final de su ministerio no es un ascenso, sino un acto de obediencia y humildad. Es aprender a servir en la transición, a colaborar en el silencio, a preparar el relevo con fidelidad y sin protagonismo. La Iglesia crece cuando sus pastores se reconocen herederos y servidores de una historia común, cuando la sucesión apostólica no se vive como sustitución, sino como comunión. Por eso merece gratitud el actual arzobispo, que con espíritu fraterno acepta y acompaña y guía a su sucesor en esta nueva etapa, mostrando que la autoridad cristiana no consiste en retener, sino en entregar.

Fe, Liderazgo y Servicio

Mario J. Paredes conversa en el programa Vida Integral de Televida junto a Ermis Feliz, donde comparte un inspirador recorrido por su vida y vocación de servicio. Durante la entrevista, reflexiona sobre los valores que han guiado su trayectoria y destaca la importancia del liderazgo cristiano basado en la integridad, la fe y el compromiso con el prójimo en los desafíos del siglo XXI.

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EL MES DE LA HERENCIA HISPANA 2025 Celebrar, Pensar, Decidir, Actuar

En los Estados Unidos de América y por disposición legal, del 15 de septiembre al 15 de octubre, celebramos anualmente el MES DE LA HERENCIA HISPANA. Un mes, para reconocer y honrar la creciente presencia, influencia y aportes de la comunidad de origen latino o hispanoamericano a la historia, sociedad y cultura de esta nación.

Para los millones de hispanos que aquí vivimos, estas celebraciones anuales tienen que ir más allá de los desfiles, de la música y de los trajes típicos. Tiene que ser un mes en el que, en comunidad, nos evaluemos, revisemos, estudiemos, comprendamos y renovemos la importancia de nuestra presencia histórica y actual en los Estados Unidos y, al mismo tiempo, los desafíos que enfrentamos, en el presente y en el futuro próximo, para hacer más válida y más fuerte nuestra vida y existencia aquí y ahora, en los Estados Unidos.

En esta celebración anual de nuestra herencia hispana, que tiene su origen en el año 1968, bajo la presidencia de Lyndon B. Johnson, ampliada dos décadas después por el presidente Ronald Reagan, celebramos la enorme riqueza y diversidad de la cultura de los millones de hombres y de mujeres que llegamos aquí, procedentes de los países sur o latinoamericanos, de España, del Caribe y que, a diario y con tesón, honradez y trabajo, enaltecemos nuestras raíces y construimos la grandeza de esta nación.

Celebramos la diversidad y amalgama de nuestras historias e identidades culturales nacionales y regionales, nuestros valores, nuestros dialectos, acentos, música, tradiciones, culinaria y costumbres de tan distintas partes. Recordamos nuestra presencia histórica en lo que hoy son los Estados Unidos, presencia muy anterior a la fundación constitucional de esta nación. Celebramos nuestras artes y saberes y la memoria de todos los hispanos e hispanas que, en nuestros países de origen y aquí en los Estados Unidos, se destacaron y se destacan en todas las áreas del quehacer social y cultural: líderes, artistas, historiadores, deportistas, políticos, maestros, científicos, etc.

Inconformes con el rumbo del país, con las políticas del partido demócrata enfatizadas doctrinalmente e implementadas en el anterior gobierno, tales como la apertura indiscriminada de la frontera sur y de temas no tradicionales en materia de sexualidad, género, familia, etc., las elecciones presidenciales recientes resultaron en la segunda presidencia de Donald Trump.

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EL ESPÍRITU QUE RENUEVA LA MISIÓN

La Academia Internacional de Líderes Católicos vive un tiempo de gracia y de discernimiento. No hablamos solo de reorganizar estructuras, sino de una purificación interior, de volver a la fuente viva que nos dio origen para redescubrir nuestra razón de ser, formar una nueva generación de líderes cristianos que sirvan al mundo con la verdad que libera y la caridad que transforma. Esta misión no es una idea bonita ni un anhelo romántico, es una vocación concreta confiada por la Iglesia, que nos pide inteligencia, oración, estudio y servicio. En este camino, el Consejo Académico es columna y corazón, el lugar donde la reflexión se hace escucha, donde los sueños se alinean con la fe y donde lo que enseñamos se ilumina con el Evangelio.

Un Consejo Académico no es una figura decorativa ni un trámite institucional, es la conciencia viva de una comunidad que quiere servir al bien común. Cuando el pensamiento se vuelve rápido y superficial, el Consejo nos recuerda que la formación de líderes exige hondura, diálogo serio, mirada interdisciplinar y una visión de la persona arraigada en la fe. No buscamos solo profesionales brillantes o críticos afilados, sino corazones que sepan discernir y actuar con la sabiduría del Evangelio. Jesús nos lo enseñó, “El que quiera ser el primero, que sea el último y el servidor de todos” (Mc 9,35). El verdadero liderazgo, a los ojos de Dios, no es dominar sino servir, y allí donde alguien se hace servidor humilde, allí nace un auténtico líder. Por eso, el Consejo Académico es guardián de esta visión; vela para que cada propuesta formativa sea una invitación a servir, a vivir en justicia y en verdad.

Hay quienes nos preguntan si tiene sentido una academia católica en un mundo tan secularizado. A ellos respondemos con las palabras del Papa Francisco, “No nos dejemos robar la esperanza” (Evangelii Gaudium, 86). La esperanza no es ingenuidad ni optimismo vacío, es la certeza de que el amor de Dios sigue actuando en la historia, aun cuando todo parece adverso. Esa esperanza nos sostiene, y es el tesoro que queremos transmitir a quienes se forman con nosotros.

Nuestra misión bebe de la Doctrina Social de la Iglesia. Más de un siglo de sabiduría nos recuerda que la fe no se escapa del mundo, sino que lo fecunda desde dentro. León XIII, en Rerum Novarum, nos enseñó que la justicia social es inseparable de la dignidad del hombre, que nunca puede reducirse a engranaje de una maquinaria económica. Esta mirada integral anima el trabajo del Consejo Académico. Queremos formar líderes capaces de unir fe y cultura, pensamiento y compromiso social, con una sensibilidad crítica y compasiva ante las heridas del presente.

Benedicto XVI, en Caritas in Veritate, nos dejó estas palabras, “La caridad en la verdad es la principal fuerza impulsora del auténtico desarrollo de cada persona y de toda la humanidad” (CV, 1). Aquí está nuestra brújula. Toda formación que no nace del amor se vuelve fría acumulación de datos, y toda caridad sin verdad se diluye en sentimentalismo. El Consejo Académico existe para que ambas caminen juntas, para que la inteligencia esté iluminada por la fe y para que la fe se exprese con razón y discernimiento en medio del mundo.

No somos ni queremos ser una Academia encerrada en sí misma, preocupada solo por títulos o programas sin sentido. Nuestra tarea es más grande, pensar, dialogar y formar hombres y mujeres que, desde su fe, sean fermento de justicia, de paz y de dignidad. El Papa Francisco lo ha dicho con claridad, “La Iglesia no crece por proselitismo, sino por atracción” (EG, 14). Queremos ser ese espacio de atracción, no imponiendo ideas, sino mostrando que la excelencia académica, la vida espiritual y el compromiso social pueden unirse en una misma vocación.

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LA HORA DE LOS LAICOS COMPROMETIDOS

Ha llegado la hora de los laicos comprometidos. No es el momento de callar ni de aceptar las cosas como si fueran inamovibles. Es tiempo de alzar la mirada, escuchar la voz del Espíritu y asumir con valentía la misión que Cristo confió a su Iglesia: servir, transformar y llevar esperanza allí donde la oscuridad se ha instalado. Esta es la hora de los hombres y mujeres que creen de verdad en el Evangelio, que saben que la fe no se encierra entre muros, sino que se hace vida en la cultura, en la política, en la economía, en las instituciones y en cada rincón donde la dignidad humana se encuentra herida.

Después de más de veinte años de historia, la Academia Internacional de Líderes Católicos entra en una etapa de madurez y de profunda renovación. Hemos recorrido un camino largo, marcado por desafíos, alegrías y aprendizajes que nos han forjado. Hoy sentimos que el Espíritu nos impulsa a dar un paso más, a renovar nuestras formas y nuestro lenguaje para llegar más lejos sin perder nuestras raíces. Lo esencial, sin embargo, permanece intacto: el compromiso con el Evangelio, con la verdad y con la misión de la Iglesia en el mundo.

Desde su origen, la Academia nació con una certeza que sigue ardiendo como fuego vivo: el liderazgo cristiano laico es una fuerza que debe despertar y desplegarse con audacia. Durante demasiado tiempo, la voz y la acción de los laicos han quedado en un segundo plano. Aun así, no vemos el clericalismo como un obstáculo, sino como una oportunidad para una Iglesia más viva, más abierta y más unida, como lo han pedido los últimos pontífices. El Papa Francisco nos llama a ser una Iglesia en salida, que escucha, que acoge, que ofrece espacio a los laicos para que, con su testimonio y servicio, renueven la vida social y política desde dentro.

Queremos líderes con un corazón limpio, que no busquen el poder para servirse en su propio beneficio. América Latina y el mundo han visto demasiados dirigentes que, aun formados en universidades católicas, terminaron atrapados por la corrupción, el egoísmo y la ambición. No hemos nacido para repetir esos errores, sino para ofrecer una alternativa verdadera, una escuela de vida y de compromiso donde el liderazgo se viva como servicio y entrega.

Un liderazgo así no nace de la improvisación. Necesitamos hombres y mujeres con carácter cristiano, con transparencia y con la certeza de que servir al otro es la única forma de ejercer una autoridad legítima. Queremos líderes que escuchen, que trabajen por el bien común y que sean coherentes incluso en medio de la dificultad. La vitalidad espiritual, la humildad en la gestión y la capacidad de construir con otros son virtudes que deben estar presentes antes de llegar a la Academia, pero aquí encuentran un espacio para crecer, madurar y convertirse en fuerza viva. La Palabra de Dios es nuestra brújula, la Biblia y la Tradición son el cimiento y la Eucaristía es el alimento que da vida y sostiene cada paso.

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LA FORMACIÓN CRISTIANA COMO MISIÓN Y CAMINO

Redescubrir la formación en la vida cristiana no es un asunto menor ni una actividad reservada a quienes se dedican profesionalmente a los estudios religiosos. Es una dimensión esencial de la existencia creyente y de la responsabilidad eclesial, especialmente en un tiempo como el nuestro, en el que las referencias se diluyen, los discursos se fragmentan y muchas personas viven sin dirección interior clara. Formarse no significa simplemente adquirir conocimientos, sino aprender a vivir con sentido, a reconocer lo verdadero, a cultivar una mirada abierta al mundo y atenta a la acción de Dios en la historia. No se trata de acumular datos, sino de construir un modo de pensar y de habitar el mundo que sea coherente con el Evangelio.

En la vida cristiana, formarse es participar de un proceso exigente que requiere constancia, humildad y apertura. La verdadera formación nace del contacto continuo con la Sagrada Escritura, leída a la luz de la Tradición viva de la Iglesia, y con el Magisterio, que orienta al pueblo de Dios en medio de los desafíos culturales, sociales y espirituales de cada época. Uno de los ámbitos más necesarios de esta formación es el conocimiento serio de la Doctrina Social de la Iglesia, que ofrece criterios precisos para comprender la realidad contemporánea y comprometerse con ella de manera responsable. La justicia social, el respeto a la dignidad de toda persona, la promoción del bien común, el cuidado del trabajo, la economía, la paz o la ecología no pueden abordarse desde la improvisación o la opinión, sino desde una reflexión profunda que integre fe y razón, experiencia pastoral y pensamiento crítico.

Al mismo tiempo, una formación cristiana no puede desarrollarse de forma aislada ni en clave puramente intelectual. Está llamada a arraigarse en la vida sacramental, en la oración personal y litúrgica, en el acompañamiento espiritual y en la experiencia concreta de comunidad. Solo cuando el conocimiento se vincula con una práctica espiritual constante, con la celebración de la Eucaristía, con la escucha de la Palabra y con la reconciliación frecuente, puede llegar a transformarse en sabiduría. Y cuando esta vida espiritual se vive en un entorno fraterno, donde se comparten las búsquedas y se confrontan las respuestas, la formación se vuelve fecunda. Nadie madura en la fe en solitario. La comunidad permite contrastar lo aprendido, iluminar lo vivido, sostener lo elegido. Allí se aprende también el valor de la paciencia, del diálogo, del respeto por los tiempos del otro.

En este camino formativo, lo que está en juego no es solo el crecimiento personal, sino la capacidad de leer el mundo con una mirada evangélica. Por eso la formación debe ofrecer no solamente conocimientos religiosos, sino también acceso a otras disciplinas y saberes que permitan comprender mejor la sociedad, la cultura y la historia. El cristiano no puede desentenderse del mundo que le rodea. Está llamado a situarse en él con conciencia, con inteligencia, con responsabilidad. Y para ello necesita herramientas intelectuales, sensibilidad cultural y una profunda vida interior. Esta es la base de lo que algunos han llamado humanismo cristiano: una forma de pensar y de vivir que reconoce la centralidad de la persona, su vocación trascendente, su necesidad de verdad, de justicia, de belleza y de comunión.

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Fundación Repara Barco Hospitalario para Comunidades

La Fundación Dr. Ramón Tallaj ha donado fondos para reparar el barco hospital que presta servicio en el río Ozama en Santo Domingo, República Dominicana. Esta embarcación vital brinda servicios de atención primaria de salud a comunidades remotas y vulnerables a lo largo de las riberas, donde el acceso a la atención médica suele ser escaso o inexistente. Al restaurar el barco, la fundación garantiza que médicos, enfermeras y suministros médicos esenciales puedan seguir llegando a los más necesitados.

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¡Ya basta! EL ASUNTO MIGRATORIO

El fenómeno migratorio, por el que masas de población se desplazan de su lugar de origen a otro, en búsqueda de mejores condiciones de vida y con la intención de establecerse temporal o permanentemente, ha ocurrido a lo largo de toda la historia de la humanidad, en todos y hacia todos los rincones de la tierra. Es un asunto complejo en el que confluyen múltiples causas y características, tanto en el mundo como en los Estados Unidos de Norteamérica.

Las migraciones humanas ocurren por atracción de los sitios de destino o expulsión de los de origen y tienen un impacto global, tanto en las sociedades donde se origina el éxodo como en la sociedad que recibe a quienes migran. Hoy, la complejidad del fenómeno migratorio ha aumentado y se ha desbordado con nuevos factores a tener en cuenta como el cambio climático y nuevos y crecientes conflictos de tipo geopolítico.

En 2022, la población de inmigrantes recientes en los Estados Unidos alcanzaba el 14% de la población. Se trata de una enorme cantidad de personas, de muy diversa procedencia, en búsqueda de seguridad y estabilidad económica y social y, en muchos casos, de reunificación familiar.

Desde la presidencia de R. Reagan, cuando en 1986 otorgó amnistía a casi tres millones de migrantes indocumentados, con la “Ley de control y reforma de la Inmigración” (IRCA, su sigla en inglés) han pasado ya cuarenta años en los que sucesivas campañas políticas y gobiernos, con rotación de los dos partidos tradicionales de esta nación, se han aprovechado del tema migratorio con fines electorales, se han burlado y han jugado con la esperanza de multitudes y no han resuelto de manera eficaz y definitiva la situación de millones de migrantes que trabajan honradamente, aportan su fuerza laboral al progreso de los Estados Unidos, pagan impuestos, pero viven a la sombra y sin poder gozar de plenos derechos, seguridad, protección y oportunidades ciudadanas.

Torneo de Golf Benéfico 2025

El lunes 7 de julio, la Fundación Dr. Ramón Tallaj celebró con orgullo su segundo torneo de golf anual, reuniendo a un inolvidable elenco de leyendas de las Grandes Ligas de Béisbol, entre ellas el miembro del Salón de la Fama Mariano Rivera, el ícono de los Chicago Cubs Sammy Sosa, la leyenda de los New York Yankees Orlando "El Duque" Hernández, Alfonso Soriano, Julián Tavárez, Ramiro Mendoza y Jim Leyritz. Su presencia, junto con la de nuestros valiosos seguidores e invitados, hizo del día algo verdaderamente especial.

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VACACIONES Y DESCANSO

PARA ENCONTRAR CERTEZAS Y CONSTRUIR ESPERANZA VACACIONES Y DESCANSO

Con la estación del verano, en muchos lugares de la tierra y para muchas instituciones y personas llega la temporada de vacaciones. Se trata de un espacio y tiempo en la vida del ser humano que, bien administrado, impacta integralmente a la persona, física y mentalmente, con repercusiones en las relaciones interpersonales y sociales y en la productividad de las empresas y de la sociedad entera.

Las vacaciones, entonces, más que un lujo son una necesidad biológica y psicológica, para recargarse de nuevas energías, para reducir el estrés, para prevenir enfermedades, para menguar el agotamiento y la fatiga (burnout) debido al desgaste diario y rutinario, para desconectarnos de la agobiante carga laboral, para reducir la ansiedad y recuperar el buen estado de ánimo.

Las vacaciones son un periodo que nos permite despejarnos y abrirnos a nuevos horizontes existenciales, a nuevos proyectos y perspectivas de vida, lo mismo que al fortalecimiento de los lazos afectivos fundamentales y necesarios para la vida y a retomar intereses y actividades que enriquecen nuestra vida y salud y que – debido al diario trajín – postergamos o abandonamos.

Vistas así, las vacaciones son un tiempo para la inversión en nuestra salud, en nuestro bienestar integral personal, familiar y social y en nuestro rendimiento laboral y profesional. Las vacaciones, en definitiva, son el tiempo apropiado para el descanso.

Entendiendo que el descanso no se refiere a la cesación de nuestros habituales deberes, tareas y obligaciones para dedicarnos a dormir y a no hacer nada, porque entonces las vacaciones, y el descanso en ellas, quedarían convertidos en una pérdida de tiempo y de oportunidades.

El descanso en vacaciones ha de ser un tiempo invertido en situaciones que permitan nuestra recuperación y restauración física y mental, el fortalecimiento de nuestro cuerpo y de nuestra mente, para reemprender, con nuevo ímpetu y mejor calidad, con nuevas energías, las actividades en las que usualmente somos productivos y con las que todos aportamos al progreso y desarrollo de nuestras empresas, instituciones y sociedad.